Unmés queda como un objeto suspendido desde septiembre de 2011. Las nuevas emergencias pasan al link de arriba.
Hoy lloré sin ningún reparo
lloré porque las palabras son agua
y no murallas
lloré porque mi memoria estalla
y los domingos se apilan en fila
para terminar con miles de años.
Hoy lloré escuchando canciones
que había olvidado y aparecieron de golpe
lloré deshecho y sin poesía
lloré sin mentira, sin mentiras
lloré porque no sé qué hacer
y sin embargo voy hacia adelante
como un bulldozer temerario
Mañana alguna línea de sal
podrá intuirse con la lengua
en algún punto de mi cara de metal
mañana me caeré en el portal
y me romperé las heridas
me arrancaré las medidas
para sumergirlas en lo más
profundo del mar
y que el sastre del tiempo se pierda
y se ahogue.
Mañana sacrificaré toda la vista
para cerrar los ojos al viento
mañana recogeré lo que no siembre
y caminaré despierto tan contento
con mis manos vacías,
me acercaré al mercado,
para acariciar con ellas
los agujeros dejados
por lo que se han llevado otros.
Hoy lloré -creo
que por perder el tiempo
por perder el amor
porque me perdía en sus brazos
porque me perdí la consciencia
como elección
porque nado en esta sopa cálida
y sonrío
pero se me queman las patitas
y no aviso.
Hoy lloré supongo,
por perderle el paso a la vida
y encontrarme mirando como giran y giran
a mi alrededor
lloré por darme cuenta, que no estoy en el centro
lloré para espantar
a los que me querían quemar por decir eso
hoy lloré como con espasmo
pero sin espanto
y porque no sé sacudirme esta tristeza
tan adentro
tan adentro
que me llora
sin mi complacencia.
*Get a hold of yourself
Don’t worry about the aftermath
There is no one after you
Or on your back.
The aftermath (Consecuencia, secuela). Zitilites. Kashmir.
30.b. Cuatro de septiembre - La Terrassa - Patrícia Aymamí Rosell.
15 cm x 20 cm
Tecnica mixta: grafito y acuarela sobre papel
Terrible y tierno y tenso y voluble
y espeso y grueso y terso e indisoluble
pienso hueco, cavo y vivo
bostezo silencios y vierto en ciclos
repito misterios, me pregunto: olvido?
vayamos, actúa, espera… humilde
claro, sincero, frio, calcula Calcuta, escolta!
vierte, miente, pierde, mesura.
Dar vueltas y vueltas sobre la misma atadura
de dónde he sacado esta camiseta tan justa
de dónde proviene esta defensa a la cordura
Pero ir desarmando uno por uno los índices
y señalar sin censura, una asociación ilícita
e invertir el tiempo en saber de la nada
y abrazar al vacío con tanto amor
con tanto amor y nostalgia
que perder ya es imbécil
cuando todo se reduce a citarme a la cita
y faltar a la línea con mi desvío
y seguir, como si fuera lo que siempre has querido.
cimiente de león sobre carbón troceado y retazos de cometas envueltos en una hoja mustia, no de otoño sino de primavera
de segundo
si miento, perdón, es que acabo de comer y no pienso, se me entorpece el cielo de la boca y la lengua, cuando no busca tu beso, se duerme en una enredadera spinoza
de postrar
denostar, competir con la cita de la noche anterior, en la que estuvimos sentados junto a aquellos dos canívales que se decían cosas como: bombón, te quiero comer envuelto entre las sábanas y lleno de tinta azul de calamares, y rebozado en mi deseo turbio
para digerirlo
habría que leerle una y otra vez durante un mes, y verlo todo en su conjunto, tragarlo con un poco de fe en que algo de sentido pueda tener, pero la música, la música… es tan pegajosa… como este postre inquieto que nos hará volver
y otra vez querer ser como los canívales
y un café
antes del cigarro tibio en la vorera,
y ya puede empezar septiembre.
02/09/2011
“Las puertas cedieron a mi impulso e hicieron un ruido semejante a una palabra.”*
Caminar y cada tanto, en una esquina o en otra, frente a un pedazo de papel en el suelo o delante de un cartel de circo, el hábito de sacar la cámara y hacer una foto no me abandona.
Hace muchos años que esta práctica insólita me acompaña. Cuando me detengo a pensar en eso, no puedo dejar de sentirme extrañado. ¿Por qué abrir el ojo metálico de la máquina y dejar que la luz impacte en su interior como un golpe?
Después, en la oscuridad y con pericia, extraer las vísceras del pequeño cíclope y hundirlas en un tanque rebosante de productos químicos. Luego esperar. Mover, volcar y volver a esperar. La liturgia del cuarto oscuro.
Finalmente sí, a la luz, estirar con cuidado la película de los días, rebuscar en los diminutos cuadros un secreto revelado.
Las fotografías son como palabras de un idioma desconocido. Contemplo las imágenes y se que algo me dicen, me implican, me hablan directamente pero no puedo articularlo. Es un momento de perplejidad. Eso está ahí delante, me invoca y me habla, pero no se lo que me dice.
He leído que este fenómeno es característico de la locura. Algo se presenta, te llama y te incumbe, te habla a ti pero no sabes lo que te dice. En ese momento hay silencio y extrañeza. Luego vendrán las historias y los argumentos, un inútil intento de dar explicación a ESO.
Con las fotografías me sucede lo mismo aunque no esté loco (tengo un certificado). ESO me habla y no se qué me dice. Luego, a mi pesar y con desgano, acumulo explicaciones como las cosas acumulan polvo. Intento cubrir esa extrañeza.
Sí, hay palabras en las cosas y en los ruidos, en las manchas y en la luz. Palabras de un idioma a medias olvidado.
* Pablo de Santis. El hallazgo del grial.
como daga que atraviesa los días
he ido irrigando mi filoso cuerpo frío
de cálidas enredaderas teñidas
por el sol, de rojo y demora
el verano se asomó al resplandor de mi punta
mi traición le espera a la vuelta de la tarde
cuando de la luna también revele su cara maldita
por el otro lado del acero en la hoja
destroza mi reputación de implacable arma
la compasión de un día en medio de la tundra
sin par, pesándome de escalofríos
ni la noche ni el verano, solamente un eco
y el tiempo se traduce sólo, a sí mismo
como quien venga la carne de la fuga
y venga la sangre de la duda
y venga el corte de los hilos
y venga la libertad que sufre así tan ida
tan desvaída de energía, casi hasta el desmayo de los ciclos
como daga que atraviesa los días
he ido cortejando tu filoso cuerpo cálido
pero no me he salvado de ningún olvido
ni se ha demorado ningún segundo el fuego
a pesar de que roce con besos mortales
las fundas de tu cuello esbelto,
y muerda con fruición tus tendones de escultura.
01/09/2011.
Si pienso en puñales y cuchillos, rápidamente se me viene a la cabeza un lugar. O tal vez se me viene no tanto a la cabeza, sino a la boca. Digo mejor, un recuerdo que se recuerda en la boca. El sabor del polvo y del viento.
La ciudad se llama Río Gallégos y está al sur del sur de Argentina. Es el último pueblo grande del continente, antes de cruzar a Tierra del fuego. Ahí abajo, todo es polvo y ventoleras.
Las avenidas son grises y dicen que el color al cemento se lo han puesto en honor a esas calles. Hay una en especial que tiene dos carriles, uno para ir y otro para volver, en el medio, una angosta franja de tierra sirve de separación. En esa franja, hay una estatua de Eva Perón. Es una reproducción gastada y pintada con spray dorado. Está de pié y saluda, supongo que a los niños y a los desamparados.
La vida de Evita fue extraña y plena de curiosidades, pero lo que fue verdaderamente insólito no fue su vida ni su muerte, sino lo que vino después.
Eva Perón muere de cáncer, joven y aclamada por millones en su funeral. Su cuerpo, quien sabe por qué, fue embalsamado. Como a las reinas y a los faraones, Embalsamado.
En un primer momento, el cadáver estaba guardado en la sede del mayor sindicato de Argentina, la CGT. Muchos creían que era un amuleto o que los protegía, había largas colas de gente que quería verla. Hasta aquí, no hay mucha historia.
Pero lo que vino después fue extraño. Un grupo armado, a las órdenes del gobierno militar de turno, secuestra el cadáver y lo oculta.
Dicen que durante un tiempo, el cadáver estaba guardado en la caja de una furgoneta que aparcaban un día allí y otro día más allá. La imagen es extraña, un cadáver da vueltas en secreto por la ciudad. Está en la caja de una furgo, aparcada en la puerta de tu casa. Le ha cortado un dedo y roto la nariz.
Finalmente, el cadáver es guardado de pié en un despacho y el general que lo tiene, se complace en mostrarlo a los allegados de confianza.
La cosa luego se complica y la izquierda revolucionaria del momento intenta recuperar el cuerpo. Los militares actúan rápido y con la complicidad de la iglesia envían el cadáver por barco y es enterrado en milán con un nombre falso. De Milán y gracias a otro secuestro y pedido de canje de cuerpos, la momia de Evita sale nuevamente a la luz y es devuelta a Perón, que la guarda en su casa de Madrid.
Finalmente y después de tanto peregrinaje, el cadáver vuelve a la Argentina y es enterrado en el cementerio de la Recoleta en Buenos aires.
Los caminos del recuerdo son extraños, va de los cuchillos al polvo, del polvo a la estatua dorada de spray, de la estatua al cadáver y finalmente otra vez a la estatua, la que adorna con bronce la cripta de Eva Perón y donde ahora mismo un grupo de japoneses y norteamericanos se sacan una foto mientras hablan lo bien que lo hizo Madonna en la película.
Hago acopio
de qué hago acopio?
hago que copio
el poema de un amigo
pero hago acopio de mi estilo
en mi estilo que no dibuja líneas
transversales, diagonales, rectas
sino en vilo.
Hago escritos
y soy escrito
como poema
no que yo los escriba
sino que me comento
me gusta comentarme
y que los otros me coman
o coman
els trossets de sargantana
que vaig deixant enrere.
Soy adelantado
de todas maneras
por ese deletrear-zumbado
que me anticipa
con su maña y su sustancia
de cometa.
En esta posesión
en este trance
soy un antiguo que mira en el cielo
una ráfaga
y construye su ficción
de profeta.
Gracias por el fuego
y es casi el final del juego
sigo buscando mi voz -es una promesa
olfateando lentamente
mi sordera
pongo mis cartas amañadas
sobre la mesa
desconociendo el destinatario
y el destino comienza
su matanza desconcertante de piezas sueltas.
Hago recomposición
me persigo, perseguidor en los dilemas
y en las noches
ladro a mis sueños
con un poco de miedo y pereza.
Pero escribo, me escribo
y dejo a veces alguna puerta
entreabierta.
31/08/2011.
Los antiguos, por suerte, miraban mucho al cielo. Supongo que algo buscaban, tal vez congraciarse con las tres hermanas.
Tres hermanas son, porque aún nadie demostró que ya no sean. Cloto, Láquesis y Átropo.
Las tres van de blanco y sus menesteres son a veces curiosos, a veces festivos y otras tantas, a pesar nuestro, terribles.
De quien son hijas es todavía, un tema de controversia. Algunos dicen que fue Érebo su padre y La Noche su madre, otros dicen que fue el propio Zeus quien las creó. Sin embargo, la versión con más crédito, despeja dudas y postula que son hijas de la gran Diosa Necesidad.
Las tres hermanas, también llamadas Parcas en cambio, parecen no tener preguntas en este sentido. Ellas, como antes hemos dicho, se encargan día y noche, de su delicado oficio.
Con estilo cooperativista y organizado, cada una se encarga de una parte del mágico proceso.
Cloto es quien en su telar, con pericia de artesana experimentada, hila el hilo de la vida.
Láquesis, mide la extensión de la fibra y sopesa sus nudos y rugosidades, anudando y desanudando, enrollando, torciendo, atando y desatando.
Átropo, la más pequeña de las tres es quien finalmente, en el momento justo en que en esa esquina, mientras una motocicleta viene a toda velocidad y el distraído peatón cruza sin mirar.
Zas, corta el hilo.
Sastre del tiempo,
bendice estas tijeras malsanas
con las que recorto la ropa
y me resguardo en los colores
de mi infancia.
Sastre del tiempo,
maldito
bendice otra vez estas tijeras
con las que recojo los pétalos
del girasol que me vigila
escapa.
Sastre del tiempo,
persigue estas tijeras robadas
allana mi llamado
persigna las bondades
de este siervo
de este fiel servidor
no abandones la fe
en las líneas curvadas
pero permanece en silencio.
Sastre del tiempo,
no existes
no tardes
eres pura dimensión material
cortejo sinuoso del final
de las palabras
te quedas allí solo
solo.
y yo sigo a trozos
pero
sigo.
30/08/2011
“Como todos los hombres de Babilonia, he sido procónsul; como todos, esclavo; también he conocido la omnipotencia, el oprobio, las cárceles.” Jorge Luís Borges, La lotería en Babilonia.
El ilustre ciego ya lo ha dicho y no estoy yo aquí para repetirlo, o como intentaré proponer, tal vez sí.
(No) Hay una red, infinita y secreta, que se teje y está tejida a la vez.
(No) Hay todas las piezas posibles, en sus innúmeras variaciones, sueltas y unidas, en imposible distribución de sucesión y simultaneidad.
Las suertes que reparte el Sastre, son todas y cada una a la vez.
Como la palabra, que ES porque no es todas las otras. Quiero decir, no hay palabra que pueda verse en un espejo, solo ve a las que la rodean, y de ese modo, dibuja la circunferencia de su contorno. Entonces sí, para que haya Una, deben estar Todas las demás.
Del mismo modo, las suertes del día a día, los heroísmos del viernes por la noche y los armisticios del lunes por la mañana, son todas y cada una de las suertes a la vez, por presencia y ausencia.
A lo que voy, que mientras como esta tostada, también como el buey que ahora mismo humea en Esparta.
es en ese segundo en que lo primero que ves y que no está delante de tí vuela como el deseo vuela como el deseo vuela como lo que diseco como si quisiera atraparlo para siempre pero no puedo
es en ese minuto triste que le precede
es en ese día de mayo que acontece que el sudor es una buena noticia
es en esa semana última de algún año o de algún daño superpuesto que se ve deslizándose o dando saltos por los escalones de los pasos que no damos por miedo hasta cuando te terminas
es en ese año que no recuerdas como si la música fuera un árbol que gime del viento y del olvido hasta que la flor le acaricia y le deja hasta que el gris del cielo le acobija con un tiempo tan lento y añejo
y se corta de repente y ya no se puede decir más
y es en ese punto que
Hay palabras que pesan. No sé por qué.
A primera vista parecen esas pequeñas boyas que se usan para pescar, son sólo una bolita de plástico que flota, pero si uno intenta levantarla, están enganchadas mediante un hilo a un peso. Una plomada que condensa.
Esta mañana desperté con dos palabras de ese tipo, eran también dos boyas pequeñas que flotaban en el agua negra del sueño. Las cogí y tiré hacía arriba, las dos traían algo colgando, un recuerdo de infancia.
Browning y Parabellum. Dos bonitas palabras.
Recuerdo el revolver de mi abuelo dentro del armario, envuelto en un pañuelo. Las balas siempre en el otro cajón y el arma descargada.
Pesaba más de lo que creía el día en que la alcé. No era plateada ni negra, tenía el color del acero y el mango de madera.
¿Qué calibre sería? No tengo idea.
Solo la vi un par de veces pero un revolver, siendo niño, es inolvidable.